Martes, 11 de enero de 2005
La guerra se acercaba tristemente a la ciudad eterna de Par?s y los ca?ones sonaban por doquier con grandes explosiones y terribles gritos de dolor. Las pesadas balas de plomo chocaban contra las calles francesas y mi divisi?n caminaba en direcci?n a nuestro objetivo. Los lentos pasos de mis compa?eros se un?an a los m?os y la terrible divisi?n prusiana llena de apestosos prusianos se abr?a paso a golpe de bayoneta. Yo segu?a intentando ocultar mi insignia bohemia entre mis ropas guerreras y el gran escudo prusiano blanco y negro ca?a con triste pesar sobre mi emblema checo, mi verdadera naci?n.

Despu?s de 230 a?os de guerra y 300 d?as de batalla, los ?nimos empezaban a decaer entre nosotros as? que decid? dar un golpe de tim?n y vencer por medio de la cultura, y no de las malditas armas que, en lugar de hacernos vencedores, nos hac?an menos perdedores. Comida, para todos; llen? cazuelas enormes con agua hirviendo, tomates cortados y semillas de comino. Luego cort? 1000 patatas en cuadraditos y piqu? cebolla y apio en abundancia. Todo herv?a junto y centenares de soldados se acercaban para oler los platos que yo preparaba con esmero.

Al otro lado del valle, la soldadesca francesa contemplaba con curiosidad mis preparativos y sus oficiales se re?an de m?, el pobrecito aprendiz de soldado y cocinero. Despu?s de cocerlo todo 20 minutos, a?ad? pollo a tiras, salchichas de cerdo y lo dej? cocer un poco m?s. Qu? rico, qu? aroma sub?a ya por mis narices. Mis soldados se empujaban entre ellos y como si de una p?cima m?gica se tratara, les di un poco a cada uno.
Todo sorbieron el l?quido y luego me miraron sin saber qu? hacer. Los soldados franceses segu?an ah?, observando a lo lejos y ri?ndose de mi rid?cula t?ctica. ?Esperad?, dije yo. As? que me encaram? a un ?rbol de la pimienta y saqu? todos los granos que pude, a dos manos, sacos llenos. Cocin? de nuevo el caldo, ahora con los granos recogidos y molidos, y volv? a servirla a los soldados.

Cr?anme si quieren pero lo cierto es que fue tal el ardor, el fuego y la quemaz?n que abras? las lenguas de mis soldados, que al primer eructo una gran llamarada cruz? el valle y achicharr? a nuestros enemigos. Mis soldados, muertos de picor pero felices por la rendici?n de los franceses, avanzaron hacia nuestro objetivo cantando est?pidas canciones mientras yo, a lo lejos, re?a y pensaba en mi propia patria.
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Publicado por SmileCheshire @ 11:04