Jueves, 29 de noviembre de 2007
Viajen en el espacio hasta ubicarse en Clichy-sous-Bois, París. En un frío día de octubre los adolescentes Ziad Benna y Bouna Traoré, de 17 y 15 años, mueren electrocutados en un transformador cuando huían de la policía francesa. Un tercer chico, Muhttin Altun, resulta herido en el mismo incidente pero consigue salvar la vida. A raíz de estas muertes, ocasionadas por un accidente desafortunado, estalla una revuelta en la periferia de París que causa el caos y el desconcierto en los encorbatados políticos europeos.

A partir de ese momento, estalla una revuelta en los alrededores de París que parecía única, pero que no lo fue de ninguna manera. Durante tres semanas los grupos de jóvenes lanzando bombas incendiarias y quemando coches se mezclaron con manifestaciones en honor de los dos adolescentes muertos. Manifestaciones como la del 29 de octubre en Clichy-sous-Bois, dos días después de que 23 policías resultaran heridos tras los primeros enfrentamientos.

Pero la tensión aumentaría exponencialmente a medida que pasaban las horas. Un día después de la manifestación una granada de gas lacrimógeno de la policía es arrojada dentro de una mezquita, un nuevo hecho que tensaba la cuerda de las peleas y los disturbios. Zonas como Sevran, Aulnay-sous-Bois, Bondy o Hauts-de-Seine sufrieron los primeros envites de una locura que fue calificada como guerra civil por un integrante del gremio de Action Police CFTC. Apuntando, incluso, la necesidad de usar las fuerzas armadas.
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El dos de noviembre los vehículos quemados llegaron hasta los 177 y los manifestantes atacaron una estación de policía y una oficina de correos. Empapando todo eso, como si de un charco de gasolina se tratara, el ministro de interior Sarkozy llamó “gente despreciable” a los causantes de los disturbios. Pero todavía deberíamos esperar dos días para observar los momentos más terribles de la revuelta. La noche del 3 de noviembre 500 coches son quemados en Aulnay-sous-Bois, Neuilly-sur-Marne, Le Blanc-Mesnil y Yvelines.

El 5 de noviembre Francia viviría las horas más intentas con 1.295 vehículos quemados y 312 personas arrestadas. Además la violencia se contagiaría a otras áreas de Francia como Seine-et-Marne, Val-d’Oise, Lille, Ruán, Dijón y Marsella. Seguramente, la mayor atención política se consiguió cuando los disturbios empezaron a afectar otros países europeos. En ese momento los dirigentes de este continente tuvieron un pánico real a que Francia encabezara, una vez más, una revuelta que empujaría a todos los otros países.
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Clichy-sous-Bois, donde murieron los dos adolescentes, es un banlieue, uno de los muchos suburbios parisinos en los que se han acumulado los inmigrantes llegados al país. Municipios con tasas de desempleo altísimas y con graves problemas de integración en el sistema oficial de la Francia democrática. No se trata sólo de inmigrantes africanos de segunda generación, sino inmigrantes llegados de Europa y las zonas rurales de Francia. Inmigrantes que, durante los años 60, se asentaron en estas localidades. Municipios que agrupan, al fin y al cabo, masas obreras que trabajan en las empresas dirigidas por aquellos que viven en el centro de París.

Por otro lado, estos barrios o municipios marginales tienen una carestía terrible de comercios, zonas de ocio e incluso infraestructuras en algunos casos. Unos municipios que no ayudan a mitigar la sensación de malestar y resentimiento contra el gobierno o la propia burguesía que sí puede residir en el centro de las capitales francesas.
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Todo esto sucedió hace 2 años. Si volvemos al presente, 2007, sólo tenemos que cambiar Clichy-sous-Bois por otro barrio. La rueda vuelve a girar con una fuerza similar. Una vez más se dispara con armas de fuego contra la policía, una vez más los suburbios parisinos prenden la mecha y, una vez más, la muerte de dos jóvenes en un incidente con la policía hace estallar la llama. En este caso todo ha sido más rápido si cabe. En los primeros disturbios una comisaría de Villiers-le-Bel ha sido incendiada y los disturbios siguen, noche tras noche.
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La rueda gira y nada hace prever una situación mejor en los próximos años. En 1995 una película de Mathieu Kassovitz, La Haine (El odio), narraba una serie de disturbios a raíz de un incidente que deja a un chico de los suburbios en coma. Una película que cuenta los disturbios de París diez años antes, y que podría aplicarse a los de 2007 con perfecto e idéntico patrón. Los años entre las revueltas se acortan, pero nada se hace para mejorar las condiciones en los extrarradios.

En el film “El odio” se cuenta un chiste que intenta resumir la actitud de los políticos respecto al grado de dejadez y terrible represión que viven algunos suburbios. Un señor cae por la ventana desde un décimo piso. A medida que va cayendo y pasando pisos va diciendo: “Hasta aquí, todo va bien. Hasta aquí, todo va bien. Hasta aquí, todo va bien.” Pero lo importante no es la caída. Es el aterrizaje.

La Haine, Mathieu Kassovitz 1995.
Publicado por SmileCheshire @ 1:07