Viernes, 11 de abril de 2008

El deporte, muchas veces,da una lección filosófica y casi ética a los espectadores. A los que lo vemosdesde lejos. La superación, la competitividad, la lucha. Son conceptos que sevuelven absolutamente reales cuando los ves reflejados en la mirada de unfutbolista o en los labios apretados de un boxeador justo antes de golpear.Pero hay un término, un concepto, una esencia que cuando reluce convierte enoscuras todas las anteriores: la constancia.


Lo que viene a ser norendirse, no desfallecer, no dejar de correr con la convicción de que nada estáperdido. Como cuando Ballesteros ganó el British Open golpeando la pelota desdeel aparcamiento del campo. Esta semana, afortunadamente para aquellos quecreemos en la épica del deporte, hemos tenido 2 casos formidables. Por un lado elLiverpool y el Arsenal, dos de los equipos con más carisma del mundo, lucharonsin cuartel el pasado martes para clasificarse para las semifinales de laChampions League. No se rindieron, corrieron sin mirar atrás, y rompieron elpartido cuando parecía que todo estaba sentenciado.


Pero seguramente, el casomás clamoroso sucedió el jueves. El Getafe, un equipo que concentra en sí mismotoda la épica de los equipos pequeños que llegan a algún lado, chocófrontalmente contra la verdadera épica, la victoria en mayúsculas que sólo estáal alcance de esos equipos históricos en la sangre de los cuales corre un espírituespecial.


El Bayern arrancó alGetafe de su sueño y lo hizo de la forma más dolorosa. Imponiendo su propia épicaa la de su oponente.


Publicado por SmileCheshire @ 18:39