Jueves, 05 de junio de 2008
20 años son muchos. No porqué Harrison Ford esté mayor o porqué a Spielberg le vaya a temblar el pulso dirigiendo, son muchos porque el tiempo pasa y los cineastas jóvenes que se tomaban en serio las aventuras empiezan a tomarse en serio otras cosas, y olvidan que las aventuras son la esencia del cine en sí mismo. Desde mediados de los 90 Spielberg considera que el cine debe ser algo puesto a disposición de grandes y profundas historias de calado. Ya sea histórico, social o racial, y Harrison Ford se ha ido convirtiendo en un actor de extraordinario nivel. Quizás ello les haya hecho olvidar que la trilogía de Indiana Jones merecía algo más que “El reino de la calavera de cristal”.

 

La cuarta parte de las aventuras de Indy es divertida, sin duda. Es sorprendente y tiene momentos formidables. De esos que, cuando pasan, te das cuenta que has estado agarrado a tu butaca sin ni siquiera pretenderlo. La persecución por la jungla es única en la historia del cine, los guerreros karatekas incas con máscaras de calavera poseen una absurdidad infantil y apasionante y, desde luego, ese principio estilo American Graffiti con la caza de brujas de fondo es muy prometedor. A partir de eso, todo parece una broma poco inteligente que duele, sobretodo, porque no aguanta la mínima comparación con las tres obras maestras anteriores.

 

Falla en un guión débil, sin punch. Falla en una dirección que casi no se toma en serio lo que está contando y, sobretodo, falla en una resolución que causa, cuanto menos, asombro y desconcierto entre la audiencia. Yo la defiendo, que conste. Defiendo que salgan extraterrestres surgidos de una dimensión paralela ideada a base de leer libros de la teoría de cuerdas. Me parece tan lógico como creer en un Arca perdida que lanza rayos mortales, en un templo indio en el que un santón arranca corazones en vivo o en un templario que vive 8 siglos esperando visita. El problema es que, a pesar de ser un final tan fantasioso como los anteriores, no goza del envoltorio mayestático que sí tienen los objetos sagrados de la trilogía original.

 

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal es una película divertida. Una obra a ratos asombrosa y muy inteligente en su arrancada. Desgraciadamente acaba siendo sólo eso: un juguete de puro entretenimiento vacío de la gloria, la madurez y la agudeza de las tres primeras películas. Con el paso de los años Lucas y Spielberg se han ido tomando menos en serio a Indy, y han acabado, como era lógico, saltando de árbol en árbol colgados de una liana igual que el hijo del arqueólogo más famoso del mundo.


Tags: cine, Indiana Jones

Publicado por SmileCheshire @ 0:54