S?bado, 01 de noviembre de 2008

La lluvia ha dejado de caer pero el césped rezuma el agua acumulada durante todo el día. La luna ilumina la copa de los árboles y nadie anda ya por el pequeño camino que llega hasta la casa de Alan. Nada se mueve fuera excepto las hojas de los árboles, acunadas por el frío viento de esa noche de octubre. Dentro, bajo una manta verde y sentado en el sofá, Alan duerme con la tele encendida. Con los ojos cerrados pero sin dejarse arrastrar por el sueño más profundo. Alan se sobresalta ante una presencia inesperada.

Alan abre los ojos, revisa su alrededor e intenta reaccionar. Sus ojos se dirigen a la ventana de la casa y ahí, delante, mirándole, su padre le saluda con la mano. Meses después de haberle visto por última vez en la boda de su hermano. Años después de haber hablado con él por última vez desde que decidieran odiarse por siempre jamás. Incondicionalmente. Alan, resentido. Alan, furioso. Alan, arrebatado.

“¿Papá?” Alan se sorprende al decir una palabra que hace mucho pensó que no diría más. La mirada de su padre es dulce, por primera vez. Su mano le saluda amigablemente, por primera vez. Su voz se rompe al intentar pedirle perdón a su hijo, por primera vez. Sus brazos tiemblan al abrazarle, por primera vez. Alan, resentido, mira los ojos a su padre, por primera vez.

Alan cierra la puerta y anda con su padre. Sus pies hacen crujir las hojas del camino bajo la luna. Sus manos se tocan y Alan, furioso, siente lo que jamás había sentido. Alan entiende los ojos cansados de su padre, y su padre pide clemencia, como jamás la había pedido. Atrás queda el odio y las miradas de reproche. Atrás quedan las marcas de la violencia nocturna. Atrás queda la ira y los ojos ensangrentados por la cólera. Qué fácil es limpiar la rabia con la pureza de las lágrimas.

Ahora su padre es distinto. Se arrepiente y comprende la belleza del amor. Comprende, por primera vez, la dulzura de amar. Ahora Alan es distinto. Acepta el perdón y comprende la beldad del reencuentro. Comprende, por primera vez, la perfección de una disculpa que quema el cuello cuando se pronuncia.

Alan y su padre se abrazan, ante un extenso campo de maíz. Un campo infinito. Alan y su padre se abrazan como jamás pensaron que podrían hacerlo. Alan y su padre se abrazan y Alan no entiende cómo ha perdonado tantos años de aversión. Alan no entiende la generosidad del corazón, pero se regocija. La vive. La siente.

Y ese abrazo se rompe, una vez más. No por el odio ahora, sino por una llamada. Un teléfono. Alan responde y mira de soslayo a su nuevo padre, reencontrado una noche de octubre. ”¿Mamá?”. Alan, querido. Alan, amado. Tu padre ha muerto. A penas hace dos horas, Alan… querido.

Alan a solas, en el campo de maíz. Alan sin nadie, sin padre, pero sin ira, sin odio. Alan, querido.

Feliz Halloween.


Tags: terror, Halloween

Publicado por SmileCheshire @ 20:02